Hay una idea que aparece mucho cuando nos hacemos adultas.
Que vivir bien es resolver.

Ordenar.
Cumplir.
Sostener.

Como si madurar fuera volverse cada vez más seria, más eficiente, más estructurada.

Y sin darnos cuenta empezamos a creer que la creatividad pertenece a otro momento de la vida.

A la infancia.

Al arte

Al tiempo libre

Pero quizás no. Quizás la creatividad no es hacer algo lindo,quizás es una forma de estar vivas.

Los niños juegan con lo que tienen.
No esperan tener la caja perfecta.

No esperan estar inspirados.
No esperan tener más tiempo.

Inventan. Transforman.

Y tal vez no es que ellos tengan más imaginación. Tal vez todavía no aprendieron a endurecerse.

Con los años hacemos lo contrario.

Nos llenamos de herramientas.
Leemos.
Aprendemos.
Entendemos.

Pero muchas veces dejamos todo guardado, esperamos el momento ideal, esperamos tener energía, esperamos que cambien las circunstancias. Esperamos sentirnos mejor para empezar.

Y mientras tanto… la vida sigue.

Creer que la plenitud aparece cuando todo se acomoda. Y quizás sucede al revés. Quizás primero nos movemos… y después algo se acomoda.

Como cuando cocinás con pocos ingredientes y de pronto aparece algo rico.

Como cuando te vestís con lo que hay y descubrís una combinación nueva.

Como cuando hacés espacio para algo pequeño y vuelve el entusiasmo.

Hay una frase interna que nos gustaría dejar flotando:

No esperes una vida distinta para usar tus colores.

Usá tus colores para transformar la vida que ya tenés.

Y mañana…

elegí otros juguetes.

Abrazo

Valen & Ceci